Heracles y la Hidra de Lerna

Heracles, según la mitología griega es un semidiós, hijo de Alcmena y Zeus y bisnieto de Perseo. Su nombre, para los romanos, es Hércules. Existen muchas leyendas sobre este héroe griego, como los doce trabajos de Heracles, pero yo os voy a contar el episodio con la Hidra de Lerna. Apolodoro nos ha dejado una obra completa titulada la Biblioteca, muy interesante para conocer el mundo de la mitología antigua, y en ella habla sobre las hazañas de Hércules.

Tras dejar embarazada a Alcmena de Heracles, el dios de los dioses dijo que el próximo niño nacido en la casa de Perseo sería el rey. Al enterarse de la noticia, Hera adelantó su parto e hizo que su hijo Euristeo naciese antes que Heracles, que debería haber nacido antes, como estaba previsto. Hera enfadó a Heracles, y en un ataque de cólera mató a sus propios hijos y dos de sus sobrinos. Después se marchó a la selva, donde fue hallado por su hermano Ificles y le convenció para que visitase el oráculo de Delfos. El oráculo le dijo que tenía que llevar a cabo diez trabajos impuestos por Euristeo, su peor enemigo, el usurpador de su trono. Al final tuvo que hacer doce trabajos, pues dos de ellos no se lo convalidó por haber tenido la ayuda de su sobrino Yolao. Esto es lo que dice Apolodoro sobre la Hidra de Lerna:

Como segundo trabajo le ordenó matar a la Hidra de Lerna. Esta, criada en el pantano de Lerna, irrumpía en el llano y destruía el campo y los ganados. La Hidra tenía un cuerpo enorme, con nueve cabezas, ocho mortales y la del centro inmortal. Heracles, montado en  un carro que guiaba Yolao, llegó a Lerna y refrenó los caballos; al descubrir a la Hidra en una colina, junto a la fuente de Amimone donde tenía su madriguera, la obligó a salir arrojándole flechas encendidas, y una vez fuera la apresó y dominó, aunque ella se mantuvo enroscada en una de sus piernas. De nada servía golpear las cabezas con la maza, pues cuando aplastaba una surgían dos. Un enorme cangrejo favorecía a la Hidra mordiendo el pie de Heracles. Él lo mató y luego pidió ayuda a Yolao, quien, después de incendiar parte de un bosque cercano, con los tizones quemó los cuellos de las cabezas e impidió que resurgieran. Evitada así su proliferación, cortó la cabeza inmortal, la enterró y le puso encima una pesada roca, cerca del camino que a través de Lerna conduce a Eleúnte.

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