Las fábulas de Esopo

Las fábulas son cuentos de animales de los que extraemos una enseñanza, una moraleja. La fábula del ruiseñor es la primera fábula de la que se tiene constancia y se puede encontrar en los trabajos y los días de Hesíodo. En cuanto a la obra de Esopo, decir que fue recopilada por varios autores: Demetrio de Falero, que es el primero que recopila todas sus fábulas y las recoge en una composición literaria que se ha perdido con el paso del tiempo, pero que dio pie a que otros autores siguiesen sus pasos como es Fedro, Jean de la Fontaine y Félix María de Samaniego. Estas son algunas de las mejores fábulas de Esopo:

LA ZORRA Y LAS UVAS

Una zorra hambrienta vio colgando de una parra un hermoso racimo de uvas. Quiso atraparla con la boca, pero por más saltos que dio no lo consiguió, pues las uvas estaban muy altas. Al final, cuando ya agotada se dio cuenta de que nunca podría alcanzarlas, se alejó diciéndose a sí misma: -¡Bah, no merecía la pena, estan verdes!

Moraleja: hay muchas personas que cuando no pueden conseguir una cosa, pretenden engañarse a sí mismas despreciándola.

LA GATA Y AFRODITA

Cuenta la leyenda que una gata se enamoró en cierta ocasión de un hermoso joven. Entonces suplicó a Afrodita, la diosa del amor, que la convirtiera en mujer para así poderse casar con él. La diosa compadecida por tan sincero amor, la transformó en una bella muchacha y, entonces, el joven preparándose de ella la tomó por esposa. Sin embargo, Afrodita quiso probar si al cambiar el cuerpo de la gata había cambiado también su carácter y era ya una mujer completa en cuerpo y alma. Para eso, mientras los esposos descansaban, la diosa entró en la alcoba y soltó un pequeño ratón que llevaba en la mano. En ese momento, la gata, olvidando su condición de ser humano, dio un salto felino desde la cama y se lanzó a dar caza al ratón, para comérselo. La diosa se dio cuenta de que, por mucha apariencia de mujer que tuviera, la gata seguía siendo, en el fondo, un animal. Y, por eso, muy indignada, la volvió a convertir en su estado primitivo.

Moraleja: de la misma forma los hombres de naturaleza malvada aunque cambien su estado no mudan su carácter.

EL ÁGUILA, EL PASTOR Y LA CORNEJA

Lanzándose desde gran altura, un águila cazó un cordero. Le apresó con sus fuertes garras y se los llevó por los aires. Cerca de allí volaba una corneja que lo había visto todo, y como estaba convencida de que podía ser tan buena como el águila, se dejó caer sobre el carnero. Pero la corneja no lo hizo tan mal, que cayó de cabeza, y al intentar ponerse en pie, sus garras se enredaron en la lana del carnero, que ni si quiera se movió. Por más que batió las alas la corneja, no logró soltarse. Entonces, un pastor que había contemplado la escena corrió a coger el pájaro, le encerró en una jaula y se lo llevó a sus hijos. Cuando los niños preguntaron qué clase de ave era, el pastor respondió riendo: -es sólo una corneja, aunque pretenda ser un águila.

Moraleja: si tratas de ser igual que los poderosos, no sólo pierdes tu tiempo, sino que tu desgracia causara la risa de los demás.

EL CABALLO Y EL ASNO

Un hombre tenía un caballo y un asno. Un día que ambos iban camino a la ciudad, el asno, sintiéndose cansado, le dijo al caballo:

— Toma una parte de mi carga si te interesa mi vida.

El caballo haciéndose el sordo no dijo nada y el asno cayó víctima de la fatiga, y murió allí mismo. Entonces el dueño echó toda la carga encima del caballo, incluso la piel del asno. Y el caballo, suspirando dijo:

– ¡Qué mala suerte tengo! ¡Por no haber querido cargar con un ligero fardo ahora tengo que cargar con todo, y hasta con la piel del asno encima!

Moraleja: si los grandes hacen causa común con los pequeños, los dos aseguran de este modo su vida.

EL LEÓN, EL OSO Y LA ZORRA

Habiendo encontrado un león y un oso al mismo tiempo a un cervatillo, se retaron en combate a ver cuál de los dos se quedaba con la presa.

Una zorra que por allí pasaba, viéndolos extenuados por la lucha y con el cervatillo al medio, se apoderó de éste y corrió pasando tranquilamente entre ellos.

Y tanto el oso como el león, agotados y sin fuerzas para levantarse, murmuraron:

— ¡Desdichados nosotros! ¡Tanto esfuerzo y tanta lucha hicimos para que todo quedara para la zorra!

Moraleja: tenemos razón en sentir despecho cuando los recién llegados se llevan el fruto de nuestro trabajo.

EL HOMBRE Y EL LEÓN

En una ocasión viajaban juntos un hombre y un león. Iban discutiendo sobre quién de ellos era el más fuerte, cuando al pie del camino se encontraron una escultura que representaba a un hombre estrangulando a un león.

-¿Lo ves? –dijo el hombre-.

Ahí tienes la demostración de que los hombres somos más fuertes que vosotros los leones.

-No te fíes de las apariencias –respondió el león-. Si los leones supiéramos esculpir verías también esculturas de hombres vencidos entre las garras del león.

Moraleja: no debemos fiarnos de aquello de que otros presumen, pues muchas veces la experiencia demuestra lo contrario.

EL LEÓN Y LA LIEBRE

Sorprendió un león a una liebre que dormía tranquilamente. Pero cuando estaba a punto de devorarla, vio pasar a un ciervo. Dejó entonces a la liebre por perseguir al ciervo. Despertó la liebre ante los ruidos de la persecución, y no esperando más, emprendió su huída. Mientras tanto el león, que no pudo dar alcance al ciervo, ya cansado, regresó a tomar la liebre y se encontró con que también había buscado su camino a salvo. Entonces se dijo el león:

— Bien me lo merezco, pues teniendo ya una presa en mis manos, la dejé para ir tras la esperanza de obtener una mayor.

Moraleja: muchas veces los hombres, en lugar de contentarse con discretos beneficios dejan imprudentemente lo que tienen en su poder, para perseguir cosas inalcanzables.

EL ÁGUILA Y EL ESCARABAJO

Estaba una liebre siendo perseguida por un águila, y viéndose perdida pidió ayuda a un escarabajo, suplicándole que le salvara.

Le pidió el escarabajo al águila que perdonara a su amiga. Pero el águila, despreciando la insignificancia del escarabajo, devoró a la liebre en su presencia.

Desde entonces, buscando vengarse, el escarabajo observaba los lugares donde el águila ponía sus huevos, y haciéndolos rodar, los tiraba a tierra. Viéndose el águila echada del lugar a donde quiera que fuera, recurrió a Zeus pidiéndole un lugar seguro para depositar sus futuros pequeñuelos.

Le ofreció Zeus colocarlos en su regazo, pero el escarabajo, viendo la táctica escapatoria, hizo una bolita de barro, voló y la dejó caer sobre el regazo de Zeus. Se levantó entonces Zeus para sacudirse aquella suciedad, y tiró por tierra los huevos sin darse cuenta. Por eso desde entonces, las águilas no ponen huevos en la época en que salen a volar los escarabajos.

Moraleja: no hay que desperdiciar a nadie, pues no hay un ser tan débil que no pueda vengar una ofensa con el paso del tiempo.

EL LEÓN Y EL RATÓN AGRADECIDO

Dormía tranquilamente un león bajo la sombra de un frondoso árbol, cuando un ratón empezó a juguetear encima de su cuerpo. Despertó el león y rápidamente atrapó al ratón debajo de su fuerte garra; y a punto de ser devorado, le pidió éste que le perdonara, prometiéndole pagarle cumplidamente llegado el momento oportuno. El león se echó a reir y le dijo:                                                                      
-Ja,ja,ja. Cómo un simple e insignificante ratón se ofrece a brindarme ayuda. Acaso no sabes que yo soy el rey de la selva. No necesito de ti ni de nadie más.
Sin embargo, lo dejó marchar.

Pocos días después unos cazadores apresaron al rey de la selva y le ataron con una cuerda a un frondoso árbol. Pasó por ahí el ratoncillo, quien escuchó los lamentos del león, corrió al lugar y royó la cuerda con sus filosos dientes, dejándolo libre.

— Días atrás — le dijo –, te burlaste de mí pensando que nada podría hacer por ti en agradecimiento. Ahora es bueno que sepas que los pequeños ratones somos agradecidos y cumplidos. El león, muy agradecido, le dijo: -Ahora sé que eres un buen amigo, porque olvidas la ofensa-.

Moraleja: en los cambios de fortuna, incluso los más poderosos necesitan la ayuda de los humildes.

ZEUS Y LA TORTUGA

Para celebrar sus bodas, Zeus invitó a todos los animales. Sólo faltó la tortuga. Intrigado por su ausencia, le preguntó al día siguiente: – ¿Cómo solamente tú entre todos los animales no viniste a mi festín? -¡Hogar familiar, hogar ideal!-respondió la tortuga.  Zeus, indignado contra ella, la condenó a llevar eternamente la casa a cuestas.

Moraleja: muchos prefieren vivir simplemente en su propia casa a comer ricamente en meza ajena.

EL ADIVINO

Instalado en la plaza pública, un adivino se entregaba a su oficio. De repente se le acercó un quídam, anunciándole que las puertas de su casa estaban abiertas y que habían robado todo lo que había en su interior. Levantóse de un saldo y corrió, desencajado y suspirando, para ver lo que había sucedido. Uno de los que allí se encontraban, viéndole correr le dijo:  -Oye, amigo, tú que te picas de prever lo que ocurrirá a los otros, ¿por qué no has previsto lo que te sucedería a ti?-.

Moraleja: podría aplicarse esta fábula a aquellos que gobiernan detestablemente su vida y aún así pretenden meterse en los asuntos de los demás.

3 comentarios

  1. estan buenisimas son lo mejor q lei en mi vida¡¡¡¡¡

  2. Ecuador un paraiso en medio de la violencia del mundo

  3. Debemos fomentar a nuestros hijos la lectura y enseñarles a travès del ejemplo, muchas felicitaciones gracias

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