Orfeo y Eurídice

El poeta Publio Ovidio incluyó la historia de Orfeo y Eurídice en el libro X de su obra Las Metamorfosis. Orfeo es hijo de Eagro, rey de Tracia y Calíope, una de las nueve musas y Eurídice es una Ninfa de los valles de Tracia. A la vuelta de la expedición de los Argonautas, en la que Orfeo había intervenido, se casó con Eurídice.

Un día en el valle del Tempe, Eurídice se encontró con Aristeo que trató de forzarla. Ella intentó huir, pero tropezó con una serpiente que le mordió y murió. En un momento de desesperación, Orfeo bajó a los Infiernos y encantó con su lira a todos los que allí estaban, desde los tres jueces, hasta a los dioses del mundo subterráneo y a todos los que cumplían condena. Hades quedó tan impresionado que dejó que Orfeo se llevara a Eurídice con una única condición: Eurídice tenía que seguir a su marido y éste no podría mirarla hasta que saliesen al mundo real. Aceptó las condiciones y guió a su mujer por la oscuridad con el sonido de su lira, pero no pudo resistirse a mirarla y Eurídice desapareció para siempre.

Tras su regreso de los Infiernos, Orfeo se dedicó a aconsejar de la mejor manera posible para que el alma esquivase las dificultades después de la muerte. Se tejió una creencia órfica de tal magnitud que su teología influyó en las creencias primitivas cristianas, ejemplo de ello es que el viaje de Orfeo a los Infiernos está expresado en la iconografía cristiana.

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Antígona

Antígona es el título de la tragedia que escribe Sófocles sobre la hija de Edipo. Cuando su madre Yocasta se suicidó y Edipo fue desterrado de Tebas, Antígona acompañó a su padre hasta su muerte en Colono. Al morir su padre volvió a Tebas, donde sus dos hermanos -Eteocles y Polinices- se disputaban el trono. En la lucha que mantuvieron murieron los dos varones y reinó Creonte. Éste optó por enterrar dignamente a Eteocles, mientras que prohibió la sepultura de Polinices.

Antígona no respetó la prohibición del nuevo rey, y optó por dar sepultura a su hermano Polinices, ya que consideraba que las leyes no escritas de los dioses eran más importantes. Cuando intentaba enterrarlo fue descubierta y conducida a Creonte, quien ordenó seguir adelante con la imposición de no enterrar a Polinices a pesar de la intervención de su hijo Hemón -el prometido de Antígona-. La consecuencia es que Antígona fue condenada a muerte. Encierran viva a la joven en la tumba de sus antepasados y allí se ahorca.  Su prometido, Hemón, fue a salvarla pero ya era demasiado tarde: Antígona había muerto.

El adivino Tiresias dice que alguien relacionado con Creonte pagará con su sangre los errores del tirano. El rey, ante esta predicción pide perdón y honró el cadáver de Polinices, pero ya era demasiado tarde. Un mensajero se lo cuenta a Eurídice, la esposa de Creonte, y ella también pidió perdón a los dioses y honró al difunto. Después fue a liberar a Antígona de la tumba donde estaba encerrada, pero ya estaba muerta: se había ahorcado y Hemón, al no soportar la desaparición de su prometida se clava una espada y se da muerte. Sin embargo otra desdicha más tenía que sufrir Creonte -como explicó Tiresias-. Al volver a palacio, ve que Eurídice también se había suicidado.