Reseña literaria: Penélope y las doce criadas

La cara B de la Guerra de Troya: la intrahistoria de Penélope que nunca antes habíamos conocido. Este es tema principal de Penélope y las doce criadas. La autora, Margaret Atwood, cuenta cómo fue la vida en Ítaca desde que Ulises marchó a la guerra, y lo hace desde un monólogo interior contado en primera persona por Penélope. Novelista, crítica literaria, poetisa, Margaret Atwood es una escritora muy prolífica en este ámbito. Nació en Ottawa, el 18 de noviembre de 1939, y desde muy joven comenzó una extensa obra literaria: La mujer comestible, El cuento de la criada, El asesino ciego y La maldición de Eva se encuentran dentro de sus obras en español. Entre los premios que ha recibido está  el Príncipe de Asturias de las Letras en 2008.

El libro está estructurado en 29 partes, intercalando capítulos muy breves contados por Penélope y coros representados por los aedos. Al final del libro aparece una nota en la que Atwood cuenta que su principal fuente de información ha sido la Odisea, de Homero, además de Los mitos griegos de Robert Graves.

La trama de la obra se centra, fundamentalmente, en el papel de las mujeres, en las olvidadas de la historia. Helena, las doce criadas y Euriclea, la niñera de Ulises, son los personajes que la novelista pone en boca de Penélope para enfatizar el papel femenino en la Guerra de Troya. Sin embargo, lo realmente meritorio es que consigue captar la atención del lector desde la primera frase: “<<Ahora que estoy muerta lo sé todo>>, esperaba poder decir; pero, como tantos otros de mis deseos, éste no se hizo realidad.” Así comienza Penélope, haciendo una reflexión sobre las cosas que en su vida llegó a creerse y ahora que está en Hades lo pone en duda. Este escepticismo le va a acompañar durante toda la obra. Sin embargo, más adelante daremos con el quid de de su pensamiento: “El agua no ofrece resistencia. El agua fluye. Si no puedes atravesar un obstáculo, rodéalo”. Eso es lo que hace el agua, y Penélope también. Así va a sobrellevar todas las trabas que le van a surgir, intentando escurrir sus problemas a base de engaños, como la idea de tejer un sudario para no casarse con los pretendientes.

En definitiva, es un relato divertido de la Odisea en el que se intenta explicar por qué Ulises mató a los pretendientes y a las doce criadas, las que habían ayudado fielmente a su mujer, cuando volvió a Ítaca. Con este nuevo enfoque la autora da vida a personajes que estaban olvidados y nos muestra cómo la verdad tiene diversos puntos de vista.

El talón de Aquiles

El mito del Talón de Aquiles fue escrito por el poeta latino Estacio, en el siglo I a.C., quien escribió un nacimiento muy distinto, del que habían dicho anteriormente los autores griegos, sobre el héroe griego.

Aquiles era hijo de Peleo y la diosa Tetis. En las primeras versiones sobre su nacimiento, los griegos cuentan que era el séptimo hijo del matrimonio y, al igual que el resto de sus hermanos, sufrió el tratamiento que Tetis había preparado para hacerles inmortales. Los seis hermanos murieron, tan solo Aquiles se pudo salvar de la “purificación de fuego” a la que les sometía Tetis. Peleo, logró salvar la vida del pequeño Aquiles, pero su pie derecho estaba quemado y tuvo que acudir al centauro Quirón para que le ayudase. Quirón, experto en medicina, le puso el hueso del gigante Damiso, lo que explicaba la rapidez de Aquiles pues Damiso era un excelente corredor.

Estacio hace una versión diferente del nacimiento del héroe: cuenta en su poema que cuando Aquiles nació su madre, Tetis, le sumergió en las aguas del río Éstige para convertirle en inmortal. Pero tuvo que sujetarle del talón para que no se cayese y esa parte del cuerpo no se mojó con el agua del río, por lo que Aquiles sólo era vulnerable en esta parte.

En el décimo año de la guerra de Troya, Aquiles muere en el campo de batalla tras ser alcanzado con una flecha envenenada en el talón. El talón era el único punto vulnerable que tenía Aquiles para ser herido, y Paris aprovechó esa debilidad para matarle.

Agamenón

Agamenón es uno de los héroes mitológicos más conocidos de Grecia. Varios autores son los que narran la historia de este personaje, como Homero en la Ilíada y Esquilo en la primera parte de su trilogía.

Agamenón es el rey de Argos y se le conoce por dos acontecimientos que se entrelazan: la Guerra de Troya y su matrimonio con Clitemnestra. En la Ilíada se encuentra todo lo relacionado con Agamenón en la guerra, mientras que en la tragedia de esquilo podemos encontrar el funesto final que le espera a manos de su esposa. Yo me voy a centrar en el trágico final que cuenta esquilo en la primera obra de la Orestía, la única trilogía que se conserva completa del autor.

Terminada la guerra, después de diez años, Agamenón decide volver a casa con el botín que había conseguido –Casandra– y haciendo caso omiso al mal presagio que ésta tenía. Por su parte, Clitemnestra espera a su marido con aires de venganza pues no le había perdonado que entregara la vida de su hija Hifigenia, que hubiere matado al marido que tenía antes de casarse con él y, asimismo, que trajese consigo a una concubina.

Clitemnestra recibe a su marido con una alegría fingida, pero el rencor que sentía por él lleva a asesinarle con la ayuda de su amante Egisto -primo de Agamenón y Menelao-. Casandra tendrá la misma suerte que Menelao. Sin duda, no pasará mucho tiempo para que regrese Orestes, hijo de Clitemnestra y Agamenón para vengar el asesinato de su padre, y matará a Clitemnestra y su amante Egisto.

El juicio de Paris

Eris, la diosa de la discordia, envía una manzana de oro a la boda de Tetis y Peleo con la inscripción “a la más bella”. El motivo era porque no le habían invitado a dicha boda. Afrodita, Hera y Atenea se autoproclaman las más hermosas, pero sólo una podía serlo. Por ello, Zeus pide a Paris que haga de juez y que sea él quien elija a la más hermosa. Dice de Hera que su mayor cualidad es la seguridad de un amor fiel; de Atenea dice que la sabiduría es su mayor arma; pero la cualidad de mujer más hermosa le corresponde a la diosa Afrodita. A partir de este momento se le considera a Afrodita la diosa de la belleza.

Más adelante, Paris llega a Esparta como invitado de honor. Al llegar se enamora de Helena, su esposa, a primera vista. Durante los nueve días que duró la fiesta tuvieron un romance a espaldas de Menelao, y cuando partieron hacia Troya se llevó consigo a Helena, con la ayuda de Afrodita.

Ante este hecho Menelao, rey de Micenas, reúne a su hermano y a todos los pretendientes que había tenido Helena para vengar el “rapto” de su esposa. Hay que recordar que Ulises hizo un pacto con todos los pretendientes de Helena y que les obligaban a ayudar al ganador, el que se casase con ella, en caso de emergencia. Y esto, sin duda, era un caso que requería su ayuda. Por ello, Menelao reunió a todos los hombres que habían firmado el pacto, entre ellos Ulises, y les obligó a ir a Troya. Así comienza la Guerra de Troya, y así es como lo recoge Homero en la Ilíada.